jueves, 31 de marzo de 2016

La nostalgia es imbécil

Después de un puñado de años me encuentro paseando por unas calles del barrio donde me crié. Es un barrio periférico de Madrid, del que guardo un recuerdo agridulce, tirando a agrio, la verdad. De repente topo con lo que fue un cine en mi niñez, reconvertido en una sala de juegos, que ni siquiera sé si hoy funciona, pero con la misma estructura del antiguo cine. Y me invade una nostalgia nada racional. No echo de menos mi barrio, ni el cine, ni al niño que miraba la marquesina y los carteles de las películas (por cierto todas malísimas, medio eróticas, con afiches llenos de estrellitas negras en los pezones de las “actrices” del despelote). Y sin embargo sentí nostalgia.
El cine era mi pasión de pequeño y supongo que aquel mediocre ejemplar de sala cinematográfica, con sus luces encastradas en la marquesina, con el misterio de su sala oscura, su telón de terciopelo y sus filas de butacas en penumbra, de alguna manera siguen siendo la imagen que evoca los anhelos de una época. Sólo que esa época pasó y dio paso, afortunadamente, a otras y aquel niño y sus anhelos, quedaron atrás. Lo explica mucho mejor Lobo Antunes en su Tercer Libro de Crónicas:  “El niño que dejé de ser se convirtió en un antepasado y en cierta medida en una criatura enigmática, distante, de la que soy hijo o nieto, de la que conservo algunos rasgos: el orgullo, la paciencia, la soledad.”
De todas formas he de reconocer que me siguen encandilando las marquesinas de los cines clásicos, los carteles pintados a mano, los afiches, las luces de neón. Pero no hace falta que venga la estúpida nostalgia a recordármelo.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La estrategia de la perseverancia

La perseverancia me parece una virtud necesaria y complementaria de otras muchas. El talento, la creatividad, el emprendimiento, no son nada si uno no insiste, porque vivimos en un mundo competitivo que no pone fácil poner en práctica los sueños. Por eso perseverar se ha convertido en la clave para encarar el camino del éxito. Duro, ¿verdad? sobre todo en un mundo en el que va todo muy deprisa, en el que el tiempo es un bien escaso, en el que si no triunfas antes de los cuarenta tus posibilidades disminuyen.  Mucha presión; pues es lo que hay. 
Esto aplica sólo para los mortales desvalidos de contactos o cuna. También hay gente con suerte que esquiva la costosa práctica de la insistencia, pero como diría el viejo Jedi, en mi experiencia la suerte no existe. O si existe, rara vez se deja ver. Sin embargo muchas personas, cegadas por su el fulgor de la fortuna, confían a ella sus sueños. Mal camino.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Si hay elecciones de nuevo, el próximo presidente será Albert Rivera

En la situación actual nadie se atreve a pronosticar quién será el próximo presidente del gobierno en España. Y no me extraña. El espectáculo de cinismo político, disenso endémico y empecinamiento en la repetición de los errores del pasado, es lamentable.
Los analistas, tertulianos y expertos, están hechos un lío, pero hacen su agosto ya que todo el mundo les mira para que expresen augurios creíbles. Y no se mojan, porque tienen mucho camino por delante y miedo a errar, que como todo el mundo sabe, es cosa sólo de humanos.
Pues bien, yo no tengo nada que perder y me aventuro a decir que el próximo presidente, si se repiten elecciones con los mismos actores, será Albert Rivera. Y que conste que no estoy expresando un deseo, sólo una predicción basada en una retorcida e hipotética regla de tres.
1 Si se repiten elecciones es porque el acuerdo de izquierdas no es posible.
2 Si se repiten elecciones los resultados serán muy parecidos a los de diciembre.
3. Si el PP no apoyará un gobierno liderado por el PSOE y viceversa, sólo queda una opción: que el aliado de ambos, el denominador común,  sea el que tome las riendas del gobierno apoyado por estos.
Es más, creo que Albert, que como todo el mundo dice es muy listo, tiene en mente esta jugada, apuesta por ella  y no va desencaminado. Quizás el éxito de la nueva política esté  en ocupar el papel de árbitro entre lo nuevo y lo viejo, entre lo antagónico, entre el ayer y el mañana. Quizá el centro propicie no sólo equidistancia, también poder.