¿A quién no le interesa el futuro? A mí sí. Incluso a veces más que el pasado. Quizás por eso me atrae tanto la ciencia ficción, la especulación sobre la evolución de la humanidad. Y en ese marco la distopía, la visión catastrófica del mañana, tiene mucho interés para mi.
“Anna” es una novela más sobre el futuro distópico firmada por un tipo que escribió una historia hace años llevada al cine, “No tengo miedo”, que a mi me inquietó bastante. En esta novela pretende lo mismo, crear una atmósfera original y extraña en la que el lector se sienta incómodo y por tanto expectante respecto a su trama. Lo que ocurre en “Anna” es que un virus ha acabado con las personas adultas, y el mundo es un lugar inhóspito, post-hecatómbico, habitado por pequeños supervivientes. Creo que Ammaniti ha querido romper con el tópico de que los niños son el futuro de la tierra, contándonos que los niños son son simplemente pequeños humanos educados para repetir los errores de sus antepasados. Y estoy bastante de acuerdo. La educación de nuestros hijos es lo único que puede modificar la senda autodestructiva de nuestra raza y cada vez que miro a mi alrededor, las esperanzas disminuyen. Por eso quizás me interese tanto la distopía. Estamos abocados a ella y nos sirve a la vez de advertencia y de manual de instrucciones, como el cuaderno de cosas útiles que deja la madre de Anna a sus pequeños ante la inminencia de su muerte.
Si también os gustan estos temas, no puedo dejar de recomendaros que visionéis todos los capítulos de la serie británica Black Mirror. Ni uno sólo me dejó indiferente, ni unos sólo dejó de parecerme una obra maestra de la ciencia ficción televisiva.
