lunes, 18 de julio de 2016

Una corona para Claudia

Ayer vi “Una corona para Claudia” en el Teatro Alfil de Madrid y certifiqué con una mezcla de pesar y liberación que ya no soy tan joven. En otro momento me hubiese sentido concernido al ver a ese grupo de jóvenes dando palos de ciego en el amor, intentando buscar una identidad con la que estar cómodos para su trayectoria vital. Pero todo tiene su tiempo. 

También me di cuenta que las comedias generacionales son eso, generacionales. A mí me tocaron las que protagonizaba Coque Maya, las que dirigía en cine Fernández Armero, las que escribía David Trueba y llevaba a la pantalla Martínez Lázaro y supongo que a los de la generación anterior a la mía tampoco les concernían, pese a que muchos de estos directores hacían guiños a las comedias clásicas que nunca mueren.  

Los actores de “Una corona para Claudia” seguramente están mejor preparados que los que a mí me gustaban cuando era más joven: cantan, tocan instrumentos, vocalizan e interpretan con el corazón y el método. También las fronteras del amor se han ensanchado, y la homosexualidad es un punto de vista más en las relaciones afectivas. Por tanto todo es más rico, pero sin chupas de cuero, ni cervezas, ni el ligero aroma de la movida de por medio.

Bueno, cervezas si, las que afortunadamente se pueden seguir tomando en la sala de los Yllana, que sigue siendo un lugar abierto a lo nuevo y lo diferente, y que ha sobrevivido a tantos embistes. ¿Os acordáis del concejal Matanzo? Definitivamente, no soy tan joven.

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