Antonio de la Torre crece como actor, aunque el método en
ésta ocasión consista en callar y mirar duro.
Aun así consigue acojonar y empatizar a la vez. Luis Callejo hace un
papel impresionante. Dicen que Arévalo se ha esforzado en controlar lo suyo, la
interpretación y yo lo creo, porque hasta los extras merecen premios por su
actuación. Si tengo que ponerle un pero es que le haya dado demasiado
protagonismo a la cámara, que siempre anda revoltosa y saltarina, contribuyendo
a la incomodidad del espectador.
Lo he pasado mal en el cine y me alegro, porque denota que
me he implicado en historias ajenas muy creíbles, muy auténticas, muy
catárquicas. La venganza, la redención, la ira, la memoria, pululan
desnudas por la película, mostrándose
como atributos que afloran en cuanto se pulsan determinadas teclas.
Hace unos años solía utilizar la expresión “te sale el
barrio” cuando alguien hacía un comentario rotundo, asertivo y pelín chulesco. La
expresión denotaba que quienes hemos vivido en la periferia hemos quedado
impregnados para siempre de aquel ecosistema y hay cosas muy reconocibles en
esta película que dibujan muy bien ese mundo del que, en la mayoría de los
casos, es recomendable huir.