jueves, 15 de septiembre de 2016

Una tarde para la ira… y para revolverte en la butaca

La primera peli como director del actor Raúl Arévalo le ha salido de las tripas. Parece que quería incomodar al espectador y vaya si lo consigue. La fotografía espesa, de grano gordo; la cámara inquieta, pegada al cogote de los actores; los diálogos parcos, el Madrid suburbial en primer plano. Y una historia seca, sucia, simple, terrible... Un “Perros de Paja” a la madrileña, con Móstoles y Useras de escenario.

Antonio de la Torre crece como actor, aunque el método en ésta ocasión consista en callar y mirar duro.  Aun así consigue acojonar y empatizar a la vez. Luis Callejo hace un papel impresionante. Dicen que Arévalo se ha esforzado en controlar lo suyo, la interpretación y yo lo creo, porque hasta los extras merecen premios por su actuación. Si tengo que ponerle un pero es que le haya dado demasiado protagonismo a la cámara, que siempre anda revoltosa y saltarina, contribuyendo a la incomodidad del espectador.

Lo he pasado mal en el cine y me alegro, porque denota que me he implicado en historias ajenas muy creíbles, muy auténticas, muy catárquicas. La venganza, la redención, la ira, la memoria, pululan desnudas por la película, mostrándose como atributos que afloran en cuanto se pulsan determinadas teclas.

Hace unos años solía utilizar la expresión “te sale el barrio” cuando alguien hacía un comentario rotundo, asertivo y pelín chulesco. La expresión denotaba que quienes hemos vivido en la periferia hemos quedado impregnados para siempre de aquel ecosistema y hay cosas muy reconocibles en esta película que dibujan muy bien ese mundo del que, en la mayoría de los casos, es recomendable huir. 

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