viernes, 1 de abril de 2016

Los vecinos de arriba

Los vecinos de arriba follán como descosidos, los de abajo llevan desde el verano sin hacer el amor. Los vecinos de arriba se atreven con la vida, los de abajo la sobrellevan. Los vecinos de arriba tienen sentido del humor, los de abajo se mueven entre el sarcasmo y la amargura. Y así podría seguir un buen rato hasta completar el cuadro antitético de las dos parejas retratadas en “Los vecinos de arriba”, la incursión en el teatro del cineasta Cesc Gay. No hay nada mejor como la exposición de los extremos para provocar la risa y estimular el análisis. Dos espejos enfrentados en los que mirarse sin perder la sonrisa, pero sin dejar de pensar en cada momento en que marco se siente uno mejor retratado.
Me atrae este tipo de teatro, pegado a la contemporaneidad pero que sin embargo es capaz de hacer frente a un buen puñado de conflictos clásicos y trascendentales; aderezado con humor, ironía y dosis de cinismo; de factura sencilla y trama inteligente. En definitiva, alta comedia capaz de escupirnos nuestras miserias arrancandonos una sonrisa.

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