Los vecinos de arriba follán como descosidos, los de abajo llevan desde el verano sin hacer el amor. Los vecinos de arriba se atreven con la vida, los de abajo la sobrellevan. Los vecinos de arriba tienen sentido del humor, los de abajo se mueven entre el sarcasmo y la amargura. Y así podría seguir un buen rato hasta completar el cuadro antitético de las dos parejas retratadas en “Los vecinos de arriba”, la incursión en el teatro del cineasta Cesc Gay. No hay nada mejor como la exposición de los extremos para provocar la risa y estimular el análisis. Dos espejos enfrentados en los que mirarse sin perder la sonrisa, pero sin dejar de pensar en cada momento en que marco se siente uno mejor retratado.
Me atrae este tipo de teatro, pegado a la contemporaneidad pero que sin embargo es capaz de hacer frente a un buen puñado de conflictos clásicos y trascendentales; aderezado con humor, ironía y dosis de cinismo; de factura sencilla y trama inteligente. En definitiva, alta comedia capaz de escupirnos nuestras miserias arrancandonos una sonrisa. viernes, 1 de abril de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
La nostalgia es imbécil
Después de un puñado de años me encuentro paseando por unas calles del barrio donde me crié. Es un barrio periférico de Madrid, del que guardo un recuerdo agridulce, tirando a agrio, la verdad. De repente topo con lo que fue un cine en mi niñez, reconvertido en una sala de juegos, que ni siquiera sé si hoy funciona, pero con la misma estructura del antiguo cine. Y me invade una nostalgia nada racional. No echo de menos mi barrio, ni el cine, ni al niño que miraba la marquesina y los carteles de las películas (por cierto todas malísimas, medio eróticas, con afiches llenos de estrellitas negras en los pezones de las “actrices” del despelote). Y sin embargo sentí nostalgia.
El cine era mi pasión de pequeño y supongo que aquel mediocre ejemplar de sala cinematográfica, con sus luces encastradas en la marquesina, con el misterio de su sala oscura, su telón de terciopelo y sus filas de butacas en penumbra, de alguna manera siguen siendo la imagen que evoca los anhelos de una época. Sólo que esa época pasó y dio paso, afortunadamente, a otras y aquel niño y sus anhelos, quedaron atrás. Lo explica mucho mejor Lobo Antunes en su Tercer Libro de Crónicas: “El niño que dejé de ser se convirtió en un antepasado y en cierta medida en una criatura enigmática, distante, de la que soy hijo o nieto, de la que conservo algunos rasgos: el orgullo, la paciencia, la soledad.”
De todas formas he de reconocer que me siguen encandilando las marquesinas de los cines clásicos, los carteles pintados a mano, los afiches, las luces de neón. Pero no hace falta que venga la estúpida nostalgia a recordármelo.
miércoles, 30 de marzo de 2016
La estrategia de la perseverancia
La perseverancia me parece una virtud necesaria y
complementaria de otras muchas. El talento, la creatividad, el emprendimiento,
no son nada si uno no insiste, porque vivimos en un mundo competitivo que no
pone fácil poner en práctica los sueños. Por eso perseverar se ha convertido en
la clave para encarar el camino del éxito. Duro, ¿verdad? sobre todo en un
mundo en el que va todo muy deprisa, en el que el tiempo es un bien escaso, en
el que si no triunfas antes de los cuarenta tus posibilidades disminuyen. Mucha presión; pues es lo que hay.
Esto aplica sólo para los mortales desvalidos de contactos o
cuna. También hay gente con suerte que esquiva la costosa práctica de la
insistencia, pero como diría el viejo Jedi, en mi experiencia la suerte no
existe. O si existe, rara vez se deja ver. Sin embargo muchas personas, cegadas
por su el fulgor de la fortuna, confían a ella sus sueños. Mal camino.
miércoles, 9 de marzo de 2016
Si hay elecciones de nuevo, el próximo presidente será Albert Rivera
En la situación actual nadie se atreve a pronosticar quién será el próximo presidente del gobierno en España. Y no me extraña. El espectáculo de cinismo político, disenso endémico y empecinamiento en la repetición de los errores del pasado, es lamentable.
Los analistas, tertulianos y expertos, están hechos un lío, pero hacen su agosto ya que todo el mundo les mira para que expresen augurios creíbles. Y no se mojan, porque tienen mucho camino por delante y miedo a errar, que como todo el mundo sabe, es cosa sólo de humanos.
Pues bien, yo no tengo nada que perder y me aventuro a decir que el próximo presidente, si se repiten elecciones con los mismos actores, será Albert Rivera. Y que conste que no estoy expresando un deseo, sólo una predicción basada en una retorcida e hipotética regla de tres.
1 Si se repiten elecciones es porque el acuerdo de izquierdas no es posible.
2 Si se repiten elecciones los resultados serán muy parecidos a los de diciembre.
3. Si el PP no apoyará un gobierno liderado por el PSOE y viceversa, sólo queda una opción: que el aliado de ambos, el denominador común, sea el que tome las riendas del gobierno apoyado por estos.
Es más, creo que Albert, que como todo el mundo dice es muy listo, tiene en mente esta jugada, apuesta por ella y no va desencaminado. Quizás el éxito de la nueva política esté en ocupar el papel de árbitro entre lo nuevo y lo viejo, entre lo antagónico, entre el ayer y el mañana. Quizá el centro propicie no sólo equidistancia, también poder.
miércoles, 13 de enero de 2016
Narco-opereta sangrienta
Todo lo relacionado con el caso del narco más conocido del mundo, el Chapo Guzmán, es rocambolesco. La fuga de prisión por un increíble túnel excavado ad hoc, más parecido a la m-30 que a una topera. El consiguiente ridículo de las autoridades mexicanas, azuzado por los tweets de los hijos del Chapo jactándose del poderío de su progenitor. La poca capacidad de reacción para atraparlo de nuevo. Y ahora el episodio de la detención.
Resulta que el narco se veía digno de inspirar un biopic americano y empezó a mantener contactos con el mundo del cine para dar los primeros pasos hacia su inmortalidad fílmica. Y por el camino, nada más y nada menos, que concede una entrevista a Sean Penn para Rolling Stone. Como si una estrella del rock se tratará. Y por esas veleidades volvió a caer en la jaula: “la vanidad acabó con el Chapo” titularon muchos.martes, 12 de enero de 2016
A las asambleas, independentistas
Creo en el asamblearismo. He participado en asociaciones en las que las decisiones se tomaban así, por consenso popular, como una reunión de vecinos pero un poco más civilizada y con mayor implicación por parte de los participantes. No se me ocurre manera más democrática de tomar decisiones y de implicar a la gente en la gestión de los temas que les interesan y afectan. Por tanto apoyo conceptualmente el modelo, que me parece un sistema muy adecuado de gestión democrática real. Pero como en todo en la vida hay imperfecciones y, no sé porqué, al final acaban aflorando y contaminando todo el sistema.
Pienso todo esto a raíz de lo que ha pasado con la CUP en Cataluña. Una organización que toma sus decisiones de manera democrática, pero que a última hora confía un poder de negociación a un reducido grupo de miembros, que suscribe un pacto en contra de su propia esencia: aceptan la defenestración de algunos de sus diputados, acuerdan limitar su representatividad lograda legítimamente en las urnas, permiten humillaciones que han calificado de casi xenófobas, encumbran al poder a un tipo en sus antípodas ideológicas, firman casi un cheque en blanco para que gobierne y permiten el escarnio público de su organización. Todo en aras del proceso independentista. De una gente que no confia en los estados, sino en las gentes que los padecen. Es decir, han colocado el inicio del proceso independentista por encima de todo, cuando ese todo además estaba lleno de contenido social y político. Ya se que se habla de las dos almas de la CUP, de la independentista y de la anticapitalista, pero no lo entiendo y sospecho que muchos de los participantes de esas asambleas, tampoco. Y les comprendo, porque he vivido situaciones parecidas. Y me fastidia, porque es tirar piedras contra el tejado de las creencias propias. Pero es evidente que algo falla.lunes, 11 de enero de 2016
Bye Bowie
Hoy se ha ido Bowie y su figura enigmática y seductora se acrecienta un poco más. Siempre me inquietó su pose, sus gestos, su integridad como artista que no dudó en asumir plenamente sus propuestas, por muy arriesgadas que fueran. Y su música, claro. Bowie, además de un gran creador, era lo que ahora ha quedado como un convencionalismo en los créditos de las canciones que pocas veces se cumple: un intérprete. Vivía sus canciones por muy marcianas que fueran, que lo eran. Ziggy Stardust, un pasote de disco conceptual, sigue sonando en mi casa con la misma fuerza de antaño y sin demasiada competencia a ese derroche de imaginación y libertad creativa.
Pero para mi Bowie también era el reflejo de la libertad casi en mayúsculas, fuera de proclamas y contextos. Su figura artística y personal trascendía más allá de los intentos de cada época de escapar “porque si” y representaba más el “y ¿por qué no?”, más imaginativo y menos encorsetado. Su figura y su música nos acompañará siempre, porque ya era enorme mucho antes de morir.
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