martes, 29 de septiembre de 2015

Cataluña y el viaje al fin de la noche

En el “Viaje al fin de la noche”, cuenta Céline una de las desventuras de Ferdinand Bardamu, su alter ego. Después de desertar del ejército francés en la primera guerra mundial, haciéndose pasar por enfermo, se enrola en un barco hacia el trópico. Pero no sabe muy bien porqué, todos los pasajeros del buque empiezan a recelar de él. Especulan sobre el motivo de su viaje y a cada cual se le ocurre una justificación más oscura y retorcida, hasta el punto de que el bueno de Ferdinand teme por su vida. El odio se expande según pasan los días y el ambiente parece una olla express a punto de estallar. Sólo en los prolegómenos del linchamiento, Ferdinand consigue salvar el pellejo gracias a su oratoria. Logra hilvanar un discurso patriótico inapelable, que conmueve a unos y desarticula las justificaciones del odio salvaje de otros.

De todo este lío sobre Cataluña, del que confieso un hartazgo importante, he visto alguna similitud con este pasaje. Y así, de pronto, se me ocurren cinco conclusiones sobre la narración de Celine que pudieran extrapolarse a nuestro culebrón patrio:

  1. El odio prende como la pólvora en sociedades insatisfechas, con independencia de si se cimenta sobre postulados falsos, o de si se apela a los sentimientos propios o a la sinrazón del otro.
  2. Una vez propagado, es muy difícil desactivar un sentimiento colectivo de odio.
  3. La única manera de evitar la confrontación es forzar el diálogo, usando la retórica más persuasiva si es necesario.
  4. La patria y la religión, máximas expresiones del emocionario colectivo, son los detonantes de la mayoría de los conflictos que ha tenido y tendrá la humanidad.
  5. Somos una especie complicada de narices y tenemos muy difícil la convivencia en común. No aprendemos y cada vez somos más eficientemente destructivos, por tanto no deberíamos forzar las rencillas más allá de lo necesario.

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