martes, 22 de septiembre de 2015

Trueba stand up

El discurso de la polémica, el pronunciado por Fernando Trueba en San Sebastián cuando recibió el Premio Nacional de Cinematografía, a mi me parece más un monólogo cómico, ingenioso y trufado de anécdotas cultas e interesantes, que una arenga contra España. Lo que pasa es que Trueba es como Eugenio, se pone tan serio que a veces no tiene ni puñetera gracia, aunque haga guiños a Gila mentando al enemigo.

Está claro que el cineasta no está cómodo con el galardón. Su frase más repetida es “Tengo muchos conflictos con este premio”. Entonces recurre al escepticismo y al nihilismo para decir: me la sopla el premio, me incomoda su carácter nacional, pero el dinero no me viene mal. Nadie es perfecto, que diría nuestro adorado Billy Wilder.  A mi, en estos casos, me parece más coherentes y revolucionarias actitudes como la de Javier Marías, que opta por declinar premios en los que no cree. Pero allá cada uno.

Creo por encima de todo en la libertad de expresión, y Trueba la ejerce diciendo lo que quiere y cuando quiere, aunque personalmente me resulte violenta y paradójica una actitud tan beligerante con quien reconoce tu trabajo a esos niveles. También creo que el contexto no parecía el más adecuado, el momento tampoco. Rápidamente sus palabras formaron titulares y lo que era una loa antipatriótica, un exhorto divertido a la vacuidad de las fronteras, se convirtió en un ataque a una España en momentos bajos. Eso sí, ahora quienes tenemos que aguantar los exabruptos de los exaltados en radios, teles, columnas y tabernas somos los demás. Porque tu discurso, Fernando, ha pasado a formar parte del argumentario cavernícola de los que quieren imponer una versión unívoca de esa realidad de la que tú, cráneo privilegiado, te escapas cuando te da la gana.

Sólo por eso, me desahogo diciéndote que cada vez prefiero más el cine, los guiones  y sobre todo la literatura que hace tu hermano. Y que a ver cuando haces de una puñetera vez ese porno que te gustaría ver, con el que llevas amagando toda la vida.

Lo último. Un ejercicio sano para los opinadores: escuchar los discursos íntegros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario