lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi útlimo viaje a Amsterdam. ¿Me estaré volviendo conservador?

Hace quince años que visité por primera vez Amsterdam y vine fascinado por una ciudad respetuosa con la gente que la habita. A parte del sentido cívico, vial y ecológico, la permisividad respecto al sexo y las drogas en ámbitos acotados pero perfectamente públicos, legales y aceptados sin marginalidad, contrastaba con la actitud hipócritamente represora del resto de occidente. Esa tolerancia, que era palpable, incitaba respeto. Te sientes respetado, respetas. La fórmula es sencilla e inexplicablemente ignorada. El caso es que lejos de una ciudad pecaminosa, uno tenía la sensación de habitar un espacio en el que había cabida para todos sin atisbo de sordidez, clandestinidad, ni marginalidad.

15 años después he vuelto y… pienso lo mismo. ¿Me estaré volviendo conservador?

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