Alucino con lo de la Volkswagen. No tanto por el engaño masivo que supone alterar las mediciones de contaminación de sus motores, sino por la forma que ha salido a la luz.
Que una gran compañía maniobre y altere la realidad para vender más, intuyo que desgraciadamente es práctica frecuente. Lo que me ha llamado la atención es que la filtración haya venido por disensiones internas en la compañía.
El corporativismo, en su versión más nociva, provoca que las personas y las organizaciones colaboren en tapar sus miserias, engañando y perjudicando a terceros. Pero cuando existen tensiones entre elementos de una misma organización, pasan cosas como las de Volkswagen: alguien se encabrona con otros, pierde la partida y dice, os váis a enterar. Entonces resulta que ese rebote tiene un efecto muy nocivo por dentro, pero saludable por fuera, porque contribuye a aflorar la podredumbre.
No nos engañemos, ni el periodismo cada vez más amordazado por los intereses de sus patronos, ni la justicia politizada hasta la náusea van a ejercer su labor de control ante estos atropellos. Así que ésta parece la única manera de arrojar luz sobre los tejemanejes que las organizaciones urden para subsistir, medrar y triunfar. Vivan las intrigas y las guerras intestinas.
Que una gran compañía maniobre y altere la realidad para vender más, intuyo que desgraciadamente es práctica frecuente. Lo que me ha llamado la atención es que la filtración haya venido por disensiones internas en la compañía.
El corporativismo, en su versión más nociva, provoca que las personas y las organizaciones colaboren en tapar sus miserias, engañando y perjudicando a terceros. Pero cuando existen tensiones entre elementos de una misma organización, pasan cosas como las de Volkswagen: alguien se encabrona con otros, pierde la partida y dice, os váis a enterar. Entonces resulta que ese rebote tiene un efecto muy nocivo por dentro, pero saludable por fuera, porque contribuye a aflorar la podredumbre.
No nos engañemos, ni el periodismo cada vez más amordazado por los intereses de sus patronos, ni la justicia politizada hasta la náusea van a ejercer su labor de control ante estos atropellos. Así que ésta parece la única manera de arrojar luz sobre los tejemanejes que las organizaciones urden para subsistir, medrar y triunfar. Vivan las intrigas y las guerras intestinas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario