jueves, 15 de diciembre de 2016

Repensar la pobreza

Conocí este libro a través por una  recomendación de Manuela Carmena en una conferencia en la universidad. Citó este libro como una referencia académica que según la alcaldesa había cambiado la concepción sobre cómo abordar la pobreza.
Dos economistas, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo,  deciden hacer una investigación sobre la pobreza, y la hacen a pie de campo, contrastando teorías económicas con la realidad de los pueblos asiáticos, africanos y sudamericanos que la padecen.
El libro parte del supuesto de analizar la idoneidad de dos maneras de combatir la pobreza: la propugnada por expertos como Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas, que aboga por la intervención internacional, por la ayuda a los países y pueblos más depauperados; o por el contrario, como teorizan otros expertos de corte más liberal como William Esasterly, la intervención directa disuade a los pueblos de buscar soluciones propias y fomentan la corrupción.
Hay supuestos recurrentes que ejemplifican bien los problemas a los que se enfrentan los que luchan contra la pobreza, por ejemplo el tema de los mosquiteros. Según la OMS dormir bajo mosquiteros rociados de insecticida salvaría millones de vidas al frenar la malaria. Entonces, qué hacemos: ¿regalamos mosquiteros, los subvencionamos o dejamos que se cree un tejido comercial que garantice un aprovisionamiento regular a las poblaciones? Las respuestas no son tan fáciles como pudiera suponerse, tal y como demuestran en el libro varios experimentos en diferentes comunidades que prueban distintas tácticas.
Pero en realidad el grueso del libro es una impresionante radiografía de los factores que influyen en la pobreza: la nutrición, la sanidad, la educación, la financiación y la calidad democrática de las instituciones. Quizás el ensayo adolezca de ser parco en respuestas, pero es un buen cuadro de investigación social y económica en el que aparecen datos reveladores.
Respecto a la nutrición subyacen ideas como que dependiendo del ingreso calórico las personas son más o menos productivas, las razas más o menos fuertes. Pero cuando los pobres tiene más dinero, no mejoran su alimentación, porque necesitan otras cosas también: el ocio que les puede proporcionar una tele, un móvil, u otras necesidades básicas también descuidadas.
El tema de la salud es también otra de las trampas en las que cae la gente sin recursos. En países africanos la mitad de los médicos no lo son, ejercer sin titulación, recetan cosas absurdas, caras e inútiles y se descuidan los tratamientos efectivos, que muchas veces son los más baratos. También afectan temas culturales y religiosos. Como bien se recuerda en el libro, si en sociedades occidentales, con la información de la que disponemos hay gente que decide no vacunar a sus hijos por creencias estrafalarias, imaginemos lo que ocurre en estos pueblos mucho más arraigados a costumbres y religiones que a argumentos científicos. Otro caladero de calamidades.
También está el tema del control de la natalidad. El libro pone en cuestión la afirmación de que tener muchos hijos hace a las familias de los países del tercer mundo más pobres. Se plantea como una cuestión de diversificación de riesgos. Alguna de esas criaturas prosperará, alguna se encargará de cuidar y mantener a sus padres cuando sean mayores. Un hecho escalofriante es el control de natalidad ejercida en ocasiones como método de selección de sexo. Un cartel en Delhi animaba a interrumpir el embarazo cuando se iba a tener una niña: “Paga 500 rupias ahora y ahorra 50.000 más tarde (en la dote)”.
Respecto al tema de los servicios de aseguramiento y financiación, se explica cómo son prácticamente inaccesibles para los pobres. Los seguros (médicos, agrícolas, de contingencias) para pobres apenas existen o son muy caros por la poca rentabilidad que suponen las contrataciones aisladas y por el miedo al fraude. Respecto a la financiación, se expone claramente la negativa de las grandes corporaciones financieras a prestar servicios a los pobres con recursos inferiores al dólar diario. Al final tienen que cubrir esa necesidad a base de prestamistas a intereses de usura. Un ejemplo estremecedor: un vendedor de frutas callejero en India compra mercancía al mayorista cada mañana a crédito y lo devuelve por la noche a un interés diario del 4,59%. De tal manera que si pide prestados 5 dólares e imaginemos que no puede devolverlos hasta dentro de un año, tendría que devolver 93,5 millones de dólares a su prestamista. De ahí la importancia del fenómeno de los microcréditos, con todas sus imperfecciones, a pesar de los altos tipos de interés a ojos de un occidental.
Por último se aborda el tema de las instituciones de los países pobres, corroídas por la corrupción, un sumidero por el que se van los recursos del país y muchas veces también los aportados por terceros en concepto de ayudas para el desarrollo. Aún así, y partiendo de un planteamiento realista de que no se puede cambiar esa situación de la noche a la mañana, los autores detallan experiencias en las que con ciertas medidas, como por ejemplo las auditorías, se logra aminorar esa lacra en favor de los más desfavorecidos.
Del estudio salen teorías interesantes, como el concepto de la curva de la pobreza, una especie de trampa en la que caen millones de seres humanos. Se trata de una especie de maldición documentada económicamente consistente en que cuanto más pobre se es, más difícil se pone dejar de serlo. Lo que intentan muchos teóricos económicos concienciados es romper esa dinámica y este trabajo es una buena prueba de ello. Aunque como decía antes se aportan pocas conclusiones, más bien se exponen datos científicos, señala focos en los que actuar y ejemplos de intervenciones más o menos exitosas. Lo que queda claro es que la pobreza supone un desperdicio de vidas y de talento humano inadmisible. También parece probado el problema es grande y requiere, además de voluntad, inteligencia y estrategias eficaces para combatirlas, de ahí la importancia de iniciativas en todos los ámbitos, también, como en este caso, desde el académico.

martes, 25 de octubre de 2016

Patria

Supongo que “patria” es un concepto que nació con afán integrador, con la idea de albergar bajo su paraguas gentes hermanadas por un sentimiento común, por la fraternidad que emana la cercanía, el terruño compartido, la gentil vecindad, el acervo cultural.  Pero la realidad es que la mayoría de las veces la exaltación del concepto se ha hecho en contraposición con otras realidades supuestamente antagónicas y ha sido, junto a la religión, una de las fuentes de conflicto que ha provocado  mayores desgracias en la humanidad.
Lo que cuenta Aramburu en esta excelente y extensa novela va por esa línea. La patria vasca como excusa para la barbarie del terrorismo etarra. Si, antes fue la patria española y su caudillo, la alemana y su führer, la italiana y su duce, la japonesa y su emperador y así podría engrosar este párrafo hasta el paroxismo. Pero eso no quita veracidad y crueldad al relato de la ignominia a pequeña escala que surgió de la patria vasca.
El horror de base política tiene sus lugares comunes: la ley del silencio, el miedo a disentir, la presión de los más fuertes y al final de todo, la violencia como instrumento de poder. En la “Patria” de Aramburu esto se ejemplifica en la historia de dos familias de un pequeño pueblo de Euskadi, unidas por una amistad sincera, separadas por un odio impuesto pero no menos cierto. Dos familias, nueve personajes, víctimas y culpables, sin paliativos, pero con matices, como la vida misma. La empatía con el lado de las víctimas es total, como confiesa su autor. Alguien decide quitar la vida a otro por razones supuestamente políticas, supuestamente razones, y ese otro muere y sus familiares caen en un pozo de tristeza. Pero lo espeluznante es que además son repudiados, incomprendidos, aislados e incluso insultados. Una vileza a la altura del tiro en la nuca. Y el asesino y su entorno goza del respeto del pueblo, de su protección, de su comprensión. Pero no todo es blanco ni negro, y sin menospreciar el dolor, la dignidad y la valentía de las víctimas, la novela también indaga en la escala de grises del entorno asesino. Por eso es un relato tan rico, porque nos deja asomarnos a esas dos realidades sin desviar la mirada sobre los aspectos más dolorosos de ambas. Y si alguien critica esa ambivalencia, ese doble foco, es porque no se ha enterado que no hay víctimas sin verdugos, ni verdugos sin víctimas.
Creo que el valor más importante de esta novela es que cuenta lo que todos sabíamos y no quisimos o no pudimos ver en toda su dimensión. Sobre todo dentro del País Vasco, por razones que se explican perfectamente en el relato, pero también fuera de él. Yo recuerdo el trato equidistante, el romanticismo que propiciaba el pasado antifascista de ETA. Todo eso  y la ausencia del enrarecido ambiente social que se vivía en esos pueblos vascos hacía ver a ETA como un fenómeno meramente terrorista, sin mirar más allá. Por eso esta es una de estas historias que conmueven por su verosimilitud, por ser una desgarradora crónica humana sobre unos hechos que todos conocíamos en mayor o menor medida, pero que nunca sentimos, ni quisimos empatizar con la crudeza con que los vivieron sus protagonistas. Lo hicimos sólo muy al final, yo diría que desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997. Por eso no está de más leer este relato, que ya advierto se hace corto pese a sus más de 600 páginas y en el que sin dogmatismos se muestra un cuadro completo sobre aquello que aconteció y que, cómo se desea casi siempre infructuosamente, no debería volver a ocurrir.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Una tarde para la ira… y para revolverte en la butaca

La primera peli como director del actor Raúl Arévalo le ha salido de las tripas. Parece que quería incomodar al espectador y vaya si lo consigue. La fotografía espesa, de grano gordo; la cámara inquieta, pegada al cogote de los actores; los diálogos parcos, el Madrid suburbial en primer plano. Y una historia seca, sucia, simple, terrible... Un “Perros de Paja” a la madrileña, con Móstoles y Useras de escenario.

Antonio de la Torre crece como actor, aunque el método en ésta ocasión consista en callar y mirar duro.  Aun así consigue acojonar y empatizar a la vez. Luis Callejo hace un papel impresionante. Dicen que Arévalo se ha esforzado en controlar lo suyo, la interpretación y yo lo creo, porque hasta los extras merecen premios por su actuación. Si tengo que ponerle un pero es que le haya dado demasiado protagonismo a la cámara, que siempre anda revoltosa y saltarina, contribuyendo a la incomodidad del espectador.

Lo he pasado mal en el cine y me alegro, porque denota que me he implicado en historias ajenas muy creíbles, muy auténticas, muy catárquicas. La venganza, la redención, la ira, la memoria, pululan desnudas por la película, mostrándose como atributos que afloran en cuanto se pulsan determinadas teclas.

Hace unos años solía utilizar la expresión “te sale el barrio” cuando alguien hacía un comentario rotundo, asertivo y pelín chulesco. La expresión denotaba que quienes hemos vivido en la periferia hemos quedado impregnados para siempre de aquel ecosistema y hay cosas muy reconocibles en esta película que dibujan muy bien ese mundo del que, en la mayoría de los casos, es recomendable huir. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Septiembre

Para mi el año empieza en septiembre. Evidentemente se trata de un efecto secundario de tantos años académicos cursados, a los que ahora por mi trabajo sigo vinculado. Igual que para muchos historiadores el siglo XX empieza con la primera guerra mundial y acaba con la caída del muro de Berlín en 1989 o para otros el XXI empieza con el atentado de las torres gemelas. Vamos, que cada uno echa sus cuentas como cree conveniente. Y yo llevo mucho tiempo pensando que cada curso es un cambio  y me pongo mis retos, mis propósitos, mis metas, mis deseos para el nuevo periodo que comienza ahora. Este año un constipado veraniego ha matizado mucho la especulación, pero siento igualmente la emoción de comenzar algo levemente distinto. Quizás se trate de una burla inocente a lo lineal del vivir, pero a mi me sirve para avanzar; siempre hay que seguir adelante, aunque sólo sea por curiosidad, como decía Dante W en Martin H. Y además a veces incluso funciona.
Podría hacer una analogía para reclamar del mismo modo avances en la deprimente situación política del país, en la desesperante persistencia de las guerras, en la búsqueda de soluciones para un mundo abocado a la hecatombe. Pero para qué.
Prefiero centrarme en mis pequeños desafíos o si me pongo grandilocuente, mirar al cielo y contemplar intrigado hasta el éxtasis los enigmas del universo. Por cierto, estoy flipando con el proyecto Breakthrough Starshot, que pretende desarrollar tecnología para enviar naves espaciales del tamaño de una tarjeta SD a Alfa Centauri en un viaje de tan solo 20 años, cuando con la tecnología actual tardaríamos 30.000 años. La de cosas que vamos a descubrir si el proyecto tiene éxito. Eso sí, es curioso que lo único en lo que avanzamos es en la investigación para largarnos de aquí cuando definitivamente nos hayamos cargado todo.

sábado, 30 de julio de 2016

Anna y la distopía

¿A quién no le interesa el futuro?  A mí sí. Incluso a veces más que el pasado. Quizás por eso me atrae tanto la ciencia ficción, la especulación sobre la evolución de la humanidad. Y en ese marco la distopía, la visión catastrófica del mañana, tiene mucho interés para mi.
“Anna” es una novela más sobre el futuro distópico firmada por un tipo que escribió una historia hace años llevada al cine, “No tengo miedo”, que a mi me inquietó bastante. En esta novela pretende lo mismo, crear una atmósfera original y extraña en la que el lector se sienta incómodo y por tanto expectante respecto a su trama. Lo que ocurre en “Anna” es que un virus ha acabado con las personas adultas, y el mundo es un lugar inhóspito, post-hecatómbico, habitado por pequeños supervivientes. Creo que Ammaniti ha querido romper con el tópico de que los niños son el futuro de la tierra, contándonos que los niños son son simplemente pequeños humanos educados para repetir los errores de sus antepasados. Y estoy bastante de acuerdo. La educación de nuestros hijos es lo único que puede modificar la senda autodestructiva de nuestra raza y cada vez que miro a mi alrededor, las esperanzas disminuyen. Por eso quizás me interese tanto la distopía. Estamos abocados a ella y nos sirve a la vez de advertencia y de manual de instrucciones, como el cuaderno de cosas útiles  que deja la madre de Anna a sus pequeños ante la inminencia de su muerte.
Si también os gustan estos temas, no puedo dejar de recomendaros que visionéis todos los capítulos de la serie británica Black Mirror. Ni uno sólo me dejó indiferente, ni unos sólo dejó de parecerme una obra maestra de la ciencia ficción televisiva.

lunes, 18 de julio de 2016

Una corona para Claudia

Ayer vi “Una corona para Claudia” en el Teatro Alfil de Madrid y certifiqué con una mezcla de pesar y liberación que ya no soy tan joven. En otro momento me hubiese sentido concernido al ver a ese grupo de jóvenes dando palos de ciego en el amor, intentando buscar una identidad con la que estar cómodos para su trayectoria vital. Pero todo tiene su tiempo. 

También me di cuenta que las comedias generacionales son eso, generacionales. A mí me tocaron las que protagonizaba Coque Maya, las que dirigía en cine Fernández Armero, las que escribía David Trueba y llevaba a la pantalla Martínez Lázaro y supongo que a los de la generación anterior a la mía tampoco les concernían, pese a que muchos de estos directores hacían guiños a las comedias clásicas que nunca mueren.  

Los actores de “Una corona para Claudia” seguramente están mejor preparados que los que a mí me gustaban cuando era más joven: cantan, tocan instrumentos, vocalizan e interpretan con el corazón y el método. También las fronteras del amor se han ensanchado, y la homosexualidad es un punto de vista más en las relaciones afectivas. Por tanto todo es más rico, pero sin chupas de cuero, ni cervezas, ni el ligero aroma de la movida de por medio.

Bueno, cervezas si, las que afortunadamente se pueden seguir tomando en la sala de los Yllana, que sigue siendo un lugar abierto a lo nuevo y lo diferente, y que ha sobrevivido a tantos embistes. ¿Os acordáis del concejal Matanzo? Definitivamente, no soy tan joven.

martes, 28 de junio de 2016

Análisis electoral psicosomático (ideas para politólogos desorientados)

A lo mejor charlamos demasiado con de los que piensan como nosotros, quizás nuestra vehemencia impida a los demás expresarse con libertad y la gente que piensa distinto es complaciente por no polemizar. Puede que existan poderes fácticos con superpoderes. Puede que el cambio esté injustificado, puede que valga  más  lo malo conocido o medio-conocido. ¿Y si resulta que la mayoría vota pensando con la mano con la que escribe? ¿Y si la ilusión es un invento cultural? ¿Y si un prestidigitador ha convertido rosas y corazones en gaviotas dentro de los sobres? ¿Y si Rajoy es Morfeo y ha despertado de su letargo para recodificar Matrix?

También es probable que alguien se haya quedado con el dinero de las encuestas, o que se haya contado a bulto, o que hayan naufragado miles de urnas en las costas.  

Quizás con un par de corruptos más, el PP hubiese logrado a la mayoría absoluta.

A lo mejor, simplemente, tenemos lo que merecemos.

jueves, 28 de abril de 2016

Ójala fuese cierto, Atticus



"Pero hay una cosa en este país ante la cual todos los hombres son creados iguales; hay una institución humana que hace a un pobre el igual de un Rockefeller, a un estúpido el igual de un Einstein, y al hombre ignorante, el igual de un director de colegio. Esta institución, caballeros, es un tribunal. Puede ser el Tribunal Supremo de Estados Unidos, o el Juzgado de Instrucción más humilde del país, o este honorable tribunal que ustedes componen. Nuestros tribunales tienen sus defectos, como los tienen todas las instituciones humanas, pero en este país nuestros tribunales son los grandes niveladores, y para nuestros tribunales todos los hombres han nacido iguales."

Parte del alegato de Atticus Finch en "Matar un ruiseñor" de Harper Lee

martes, 26 de abril de 2016

Borgen S01E03

(Impresiones basadas en el tercer capítulo de la primera temporada. Contiene un spoiler)

En Borgen también se muestra el reflejo del poder de los medios de comunicación, pero sobre todo de los asesores de los políticos cuya misión es la de lidiar con la prensa.

Kasper Juul, el asesor de comunicación
Kasper Juul es el paradigma del astuto asesor de comunicación de los políticos. Retratado como un Jasp, atractivo, inteligente, rápido, y con los escrúpulos justos, ofrece bastante juego en su relación con la líder del partido moderado. Me parece un personaje controvertido, quizás demasiado novelado, pero creíble desde un punto de vista de la analogía con la realidad que siempre nos inspira esta serie. Muchos de los errores de nuestros políticos están inspirados en sus consejos, pero también me vienen a la cabeza muchos líderes de partidos que están inexplicablemente en primera línea, dadas sus capacidades intelectuales y dotes de comunicación, y cuyo éxito para mantenerse en la picota también habrá que atribuir a la labor de estos manipuladores en la sombra.

Sin embargo en un punto de este tercer capítulo entra en juego otro asesor de comunicación, más académico (es profesor de oratoria), más cándido, más honesto, más moderado y que acaba cagándola de manera estrepitosa con un error de manual que termina con su fugaz carrera en la política. No sé si es que el personaje no daba mucho más a los guionistas o que simplemente no se puede tener estas características para ocupar un puesto de esta índole, pero el caso es que su desaparición me parece una crueldad para la deontología profesional, si es que existiere…

También es curioso como un expolítico rabioso por su salida forzada del partido, se convierte en editor de una revista política que utiliza como instrumento de venganza frente a sus adversarios. Es como si Aznar, apeado del poder tras su nefasta segunda legislatura y el 11M, hubiera fundado un medio de comunicación para expulsar la bilis que pareció llevarse y que aún no ha debido digerir. Inquietante. 

Impresiones anteriores: S01E02

lunes, 18 de abril de 2016

Borgen S01E02

(Impresiones basadas en el segundo capítulo de la primera temporada. Contiene un pequeño spoiler)

Michael Laugesen, lider de los laboristas en Borgen
Michael Laugesen, lider de los laboristas
Los resultados de las elecciones generales danesas en la serie arrojan unos resultados que dejan un panorama político muy parecido al de las elecciones del 20 de diciembre en España: varios partidos tienen escaños suficiente para ser decisivos en la formación de gobierno y por tanto las posibilidades son múltiples. La primera diferencia entre la ficción danesa y la realidad española es la predisposición de hablar en serio entre partidos variopintos. En la serie se deja traslucir una especie de cultura pactista en la que los gobiernos se conforman de manera natural por partidos diferentes. De esa manera el cariz del gobierno varía según el resultado electoral, lo que parece más democrático que el monocromatismo al que estamos acostumbrados en nuestra democracia, donde tigres o leones hacen y deshacen a su antojo ante la impotencia del resto de grupos políticos condenados al ostracismo parlamentario.

Eso si, la negociación y el intercambio de sillones ministeriales es común en ambos planos, y en la serie queda muy bien reflejada la banalización del mercadeo con las carteras, que cambian de manos en un juego parecido a las subastas de mercadillo.

Es inquietante y a la vez ilustrativo asistir a las maniobras de los partidos y sus asesores para desgastar a sus competidores y conseguir sus fines. La política convertida en un juego de rol, en puro tacticismo que tiene como peor consecuencia el dejar atrás la verdadera esencia de su razón de ser: cuidar de que la vida y el bienestar de los ciudadanos que representan.

Por último resaltar la demonización del partido laborista danés en la serie, encabezado por el inefable Michael Laugesen, casi una caricatura de político taimado, narcisista y prenazi. Es curioso como un partido en el ala izquierda (todo lo de izquierdas que se puede ser en Dinamarca), encarne posturas xenófobas, proteccionistas y profundamente insolidarias. Ni la ultraderecha real es capaz de verbalizar con tanta claridad el deseo de expulsión de refugiados y de una política sobre anti-inmigración tan radical en Europa. Aunque por desgracia en la vida real asistimos al espectáculo de ver cómo los partidos más “centrados” ejercen una política que parece controlada mentalmente por los derechistas más extremos. 

Impresiones anteriores: S01E01

viernes, 8 de abril de 2016

Borgen S01E01

(Impresiones basadas en el primer capítulo de la primera temporada. No contiene spoilers)

Borgen es la serie danesa que cuenta las tribulaciones para formar gobierno en aquel país, tras unos resultados electorales que deja un parlamento fragmentado y partidos políticos con dificultades para llegar acuerdos. ¿Nos suena? Efectivamente parece un calco de la situación política que vivimos en España tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015. La realidad supera la ficción o se inspira en ella, tómese como se quiera.

El caso es que ver en este momento Borgen ofrece un plus añadido a la calidad inherente de esta ficción televisiva, porque nos remite constante e irremisiblemente a la analogía con lo que vivimos en este país.

En el primer capítulo, en el que se cuentan los tres días previos a las elecciones y la noche electoral, ya tenemos jugosos elementos para el análisis.  Me fijo en el personaje de la candidata del partido moderado, una mujer que pacta con su marido dedicarse cada uno cinco años a potenciar su carrera y así poder alternar el peso de las cargas familiares, que vive en una casa sencilla, decorada al estilo IKEA y más propia de una protagonista de sit com que de una ficción política. Su vida parece discurrir en parámetros de absoluta normalidad, en la que las relaciones familiares salpicadas de humor, ternura y algunos reproches por la dedicación absorbente de la política, son elementos que apuntalan esa visión de sencillez. Ella elige su vestuario entre un fondo de armario que no tiene pinta de tener grandes movimientos.

También es curiosa la relación con su asesor de comunicación (manipulador, maquiavélico e inteligente), al que sólo puede controlar desde la convicción de que lo importante son eso, las convicciones políticas y no los resultados electorales.  Birgitte tiene claro que su paso por la política es temporal, que alcanzar el poder es simplemente un instrumento de transformación y consecución de objetivos, pero que no merece la pena per se. Un argumento que usan todos nuestros políticos y que suena tan hueco como inverosímil. Deberían aprender del trabajo de interpretación de la actriz que interpreta a Birgitte, que es capaz de transmitir la imagen de una política más preocupada por su país que por las aspiraciones, personales y partidistas, de poder.

viernes, 1 de abril de 2016

Los vecinos de arriba

Los vecinos de arriba follán como descosidos, los de abajo llevan desde el verano sin hacer el amor. Los vecinos de arriba se atreven con la vida, los de abajo la sobrellevan. Los vecinos de arriba tienen sentido del humor, los de abajo se mueven entre el sarcasmo y la amargura. Y así podría seguir un buen rato hasta completar el cuadro antitético de las dos parejas retratadas en “Los vecinos de arriba”, la incursión en el teatro del cineasta Cesc Gay. No hay nada mejor como la exposición de los extremos para provocar la risa y estimular el análisis. Dos espejos enfrentados en los que mirarse sin perder la sonrisa, pero sin dejar de pensar en cada momento en que marco se siente uno mejor retratado.
Me atrae este tipo de teatro, pegado a la contemporaneidad pero que sin embargo es capaz de hacer frente a un buen puñado de conflictos clásicos y trascendentales; aderezado con humor, ironía y dosis de cinismo; de factura sencilla y trama inteligente. En definitiva, alta comedia capaz de escupirnos nuestras miserias arrancandonos una sonrisa.

jueves, 31 de marzo de 2016

La nostalgia es imbécil

Después de un puñado de años me encuentro paseando por unas calles del barrio donde me crié. Es un barrio periférico de Madrid, del que guardo un recuerdo agridulce, tirando a agrio, la verdad. De repente topo con lo que fue un cine en mi niñez, reconvertido en una sala de juegos, que ni siquiera sé si hoy funciona, pero con la misma estructura del antiguo cine. Y me invade una nostalgia nada racional. No echo de menos mi barrio, ni el cine, ni al niño que miraba la marquesina y los carteles de las películas (por cierto todas malísimas, medio eróticas, con afiches llenos de estrellitas negras en los pezones de las “actrices” del despelote). Y sin embargo sentí nostalgia.
El cine era mi pasión de pequeño y supongo que aquel mediocre ejemplar de sala cinematográfica, con sus luces encastradas en la marquesina, con el misterio de su sala oscura, su telón de terciopelo y sus filas de butacas en penumbra, de alguna manera siguen siendo la imagen que evoca los anhelos de una época. Sólo que esa época pasó y dio paso, afortunadamente, a otras y aquel niño y sus anhelos, quedaron atrás. Lo explica mucho mejor Lobo Antunes en su Tercer Libro de Crónicas:  “El niño que dejé de ser se convirtió en un antepasado y en cierta medida en una criatura enigmática, distante, de la que soy hijo o nieto, de la que conservo algunos rasgos: el orgullo, la paciencia, la soledad.”
De todas formas he de reconocer que me siguen encandilando las marquesinas de los cines clásicos, los carteles pintados a mano, los afiches, las luces de neón. Pero no hace falta que venga la estúpida nostalgia a recordármelo.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La estrategia de la perseverancia

La perseverancia me parece una virtud necesaria y complementaria de otras muchas. El talento, la creatividad, el emprendimiento, no son nada si uno no insiste, porque vivimos en un mundo competitivo que no pone fácil poner en práctica los sueños. Por eso perseverar se ha convertido en la clave para encarar el camino del éxito. Duro, ¿verdad? sobre todo en un mundo en el que va todo muy deprisa, en el que el tiempo es un bien escaso, en el que si no triunfas antes de los cuarenta tus posibilidades disminuyen.  Mucha presión; pues es lo que hay. 
Esto aplica sólo para los mortales desvalidos de contactos o cuna. También hay gente con suerte que esquiva la costosa práctica de la insistencia, pero como diría el viejo Jedi, en mi experiencia la suerte no existe. O si existe, rara vez se deja ver. Sin embargo muchas personas, cegadas por su el fulgor de la fortuna, confían a ella sus sueños. Mal camino.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Si hay elecciones de nuevo, el próximo presidente será Albert Rivera

En la situación actual nadie se atreve a pronosticar quién será el próximo presidente del gobierno en España. Y no me extraña. El espectáculo de cinismo político, disenso endémico y empecinamiento en la repetición de los errores del pasado, es lamentable.
Los analistas, tertulianos y expertos, están hechos un lío, pero hacen su agosto ya que todo el mundo les mira para que expresen augurios creíbles. Y no se mojan, porque tienen mucho camino por delante y miedo a errar, que como todo el mundo sabe, es cosa sólo de humanos.
Pues bien, yo no tengo nada que perder y me aventuro a decir que el próximo presidente, si se repiten elecciones con los mismos actores, será Albert Rivera. Y que conste que no estoy expresando un deseo, sólo una predicción basada en una retorcida e hipotética regla de tres.
1 Si se repiten elecciones es porque el acuerdo de izquierdas no es posible.
2 Si se repiten elecciones los resultados serán muy parecidos a los de diciembre.
3. Si el PP no apoyará un gobierno liderado por el PSOE y viceversa, sólo queda una opción: que el aliado de ambos, el denominador común,  sea el que tome las riendas del gobierno apoyado por estos.
Es más, creo que Albert, que como todo el mundo dice es muy listo, tiene en mente esta jugada, apuesta por ella  y no va desencaminado. Quizás el éxito de la nueva política esté  en ocupar el papel de árbitro entre lo nuevo y lo viejo, entre lo antagónico, entre el ayer y el mañana. Quizá el centro propicie no sólo equidistancia, también poder.

miércoles, 13 de enero de 2016

Narco-opereta sangrienta

Todo lo relacionado con el caso del narco más conocido del mundo, el Chapo Guzmán, es rocambolesco. La fuga de prisión por un increíble túnel excavado ad hoc, más parecido a la m-30 que a una topera. El consiguiente ridículo de las autoridades mexicanas, azuzado por los tweets de los hijos del Chapo jactándose del poderío de su progenitor. La poca capacidad de reacción para atraparlo de nuevo. Y ahora el episodio de la detención.
Resulta que el narco se veía digno de inspirar un biopic americano y empezó a mantener contactos con el mundo del cine para dar los primeros pasos hacia su inmortalidad fílmica. Y por el camino, nada más y nada menos, que concede una entrevista a Sean Penn para Rolling Stone. Como si una estrella del rock se tratará. Y por esas veleidades volvió a caer en la jaula: “la vanidad acabó con el Chapo” titularon muchos.
Lo malo de todo esto es que lo que parece el argumento de película de serie b, pertenece más bien al género documental. Detrás de la pequeña figura del narco, hay miles de muertes violentas, algunas de ellas dejan las exhibiciones de brutalidad yihadista a la altura de las películas de Disney, por seguir con los símiles cinematográficos. Todo para controlar el estado paralelo y casi hegemónico que los narcos han implantado en México. Estoy terminando de leer “El Cártel”, de Don Wislow, y en esa novela, como en su antecesora, “El poder del perro” se refleja con toda crudeza el reinado de los narcos y el desolador panorama de la subyugada sociedad civil. Novelas trepidantes y espeluznantes que nos acercan a una realidad que nos parece lejana y deformada por estos episodios de narco-opereta, pero que se asemeja más a  escenarios como el de Siria que al del México de western que pintan algunos.

martes, 12 de enero de 2016

A las asambleas, independentistas

Creo en el asamblearismo. He participado en asociaciones en las que las decisiones se tomaban así, por consenso popular, como una reunión de vecinos pero un poco más civilizada y con mayor implicación por parte de los participantes. No se me ocurre manera más democrática de tomar decisiones y de implicar a la gente en la gestión de los temas que les interesan y afectan. Por tanto apoyo conceptualmente el modelo, que me parece un sistema muy adecuado de gestión democrática real. Pero como en todo en la vida hay imperfecciones y, no sé porqué, al final acaban aflorando y contaminando todo el sistema.
Pienso todo esto a raíz de lo que ha pasado con la CUP en Cataluña. Una organización que toma sus decisiones de manera democrática, pero que a última hora confía un poder de negociación a un reducido grupo de miembros, que suscribe un pacto en contra de su propia esencia: aceptan la defenestración de algunos de sus diputados, acuerdan limitar su representatividad lograda legítimamente en las urnas, permiten humillaciones que han calificado de casi xenófobas, encumbran al poder a un tipo en sus antípodas ideológicas, firman casi un cheque en blanco para que gobierne y permiten el escarnio público de su organización. Todo en aras del proceso independentista. De una gente que no confia en los estados, sino en las gentes que los padecen. Es decir, han colocado el inicio del proceso independentista por encima de todo, cuando ese todo además estaba lleno de contenido social y político. Ya se que se habla de las dos almas de la CUP, de la independentista y de la anticapitalista, pero no lo entiendo y sospecho que muchos de los participantes de esas asambleas, tampoco. Y les comprendo, porque he vivido situaciones parecidas. Y me fastidia, porque es tirar piedras contra el tejado de las creencias propias. Pero es evidente que algo falla.